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jueves, 9 de enero de 2014

Relectura: terapia y reencuentro

Cuando necesitaba un lugar seguro donde refugiarme unos minutos; cuando quise salir de una realidad un poco inestable, un poco temible; cuando me hacía falta un paisaje conocido, unas personas amigas, unos escenarios que me recordaran buenos momentos; cuando no hubiera sido capaz de hacer nuevas amistades en tierras extrañas; cuando todo esto me sucedió, abrí un libro que había leído cientos de veces. 

Pasé unos cuantos días releyendo esa historia, dándome cuenta de que la recordaba a grandes rasgos, pero que algunos pasajes estaban en mi mente como entre niebla... Y disfruté tanto de sus páginas como si las hubiera leído por primera vez, quizá incluso más, porque me reencontré con algo que recordaba bueno y me pareció magnífico. 

Y pensando llegué a la conclusión de que aquello era casi terapéutico. Salir de un lugar real que en ese momento no me gustaba y adentrarme en un sitio familiar, bien conocido, cómodo y predecible me pareció una especie de terapia de reencuentro. 

Desde entonces he pensado que aunque yo no suelo releer, siempre hay algún libro que repito, alguno que está entre mis favoritos y goza de mi más absoluta confianza para esos momentos en los que no sé qué llevarme a los ojos, o en los que apenas tengo un rato para leer. 

Ahora que el tiempo escasea voy a hacerme con una lista de libros a los que puedo volver. Serán libros que me hagan sentir cómoda y no culpable si las páginas no avanzan, porque como ya nos conocemos no me juzgan. 


¿Tenéis libros a los que volvéis de forma recurrente?
¿Hay alguno que sea especial y que hayáis leído cientos de veces?
¿Habéis sentido, como yo, que releer era una terapia de reencuentro?

miércoles, 23 de octubre de 2013

Me gustaría publicar una reseña

Me gustaría de verdad poder publicarla. Recuerdo con cariño aquellos tiempos en los que yo tenía un espacio al día para leer. Los recuerdo como si hubieran pasado siglos, aunque en realidad no hace tanto de aquello. No se trataba de tener un horario fijo, sino de saber que cada día iba a leer algo, seguro, por poco que fuera, y de que iba a hacerlo con mis cinco sentidos. 


Me gustaría mucho poder escribir sobre un libro, contaros mi impresiones, entrar en algunos de vuestros blogs a ver lo que habéis leído vosotros y no parecer una seta que sonríe y asiente, pero como cada vez leo menos tengo menos para escribir y menos para opinar. 

Tardo el triple que antes en leer un libro, por la noche no llego ni a la segunda página y cuando creo que puede irme bien con alguna novela descubro con desánimo que, tras dos meses de infructuoso intento por leer, tanto estiré las páginas que perdieron el sentido. Y resulta que ya no encuentro el hilo de lo que se contaba, ya no recuerdo porqué empecé ni qué hago en ese momento con un libro en la mano. 

Es la circunstancia, nada más. Es el tiempo, el cansancio, las obligaciones, lo de siempre. Por eso no temo. Pero me da rabia, mucha rabia, porque si hoy pudiera publicar una reseña significaría que ayer pude terminar de leer un libro.

miércoles, 2 de octubre de 2013

Tres reglas para utilizar un Kindle

Sí, ha sucedido. Creía que no llegaría el momento, que nunca me vería en la tesitura, pero sí. El mes pasado cumplí años y mi familia me regaló un libro electrónico. Un Kindle, para ser mas exactos. 

Como yo aún no tenía muy clara mi opinión acerca de estos dispositivos pasé la noche intentado dilucidar cómo llevaría el tránsito a la "vida moderna", esa vida en la que me resisto a participar muchas veces. Porque soy bloguera, sí, pero muy analógica todavía. De hecho, el regalo de mi pareja fue un precioso libro de los años 70 acerca de la historia de la ciudad donde veraneo, dedicada por el que fue su alcalde a uno de los ciudadanos célebres de la localidad. Ese libro tiene olor y tiene historia, y todos los que leemos apreciamos esas particularidades. 

Como os decía, pasé la noche intentando cuadrar un lector electrónico en mi vida de post-it, agendas, anotaciones y subrayados. Porque sé que puedo subrayar y anotar, pero nunca será lo mismo. 

Al día siguiente buceé en Amazon para ver qué me ofrecía la web. Tanteé el mercado de libros electrónicos y vi cosas muy interesantes, muchos libros que me gustaron a buenos precios (algunos altos para mi gusto, pero siempre más baratos que los libros físicos) y como lo que encontré me pareció bien le quité el envoltorio al aparato. 

Pero como soy un poco cuadriculada decidí ponerme una serie de reglas antes de utilizar mi Kindle. Las comparto con vosotros porque creo, por la cortísima experiencia que tengo con mi lector, que si uno se desboca en esto de los libros electrónicos a lo mejor la experiencia le parece nefasta, un maremágnum de archivos; y también porque he pensado que puede que alguno de vosotros aún sea reticente a estos lectores, por lo que os muestro la forma en que pienso utilizarlo por si os sirve de ayuda. 

Mis reglas para mi uso de mi lector electrónico

1. Comprar los libros en Amazon. 

Yo en Amazon porque me han regalado un Kindle, si no, en la web que fuese. 
No voy a hacer mucho comentario al respecto porque todos los que estamos aquí leemos y escribimos.

2. Comprar aquellos libros de divulgación que de otra forma no compraría. 

He decidido que, de momento, voy a utilizar mi lector electrónico para leer este tipo de libros que, desde hace unos meses, me interesan mucho. Son libros que no compraría en papel por su elevado precio, y porque quiero leer muchos, la verdad, lo que supondría una gran parte de mi presupuesto. 

Una de las cosas que vi buceando en Amazon aquel primer día fue que esos libros que me parecen tan interesantes tenían un precio que me gustó, así que decidí que invertiría en ellos. 

¿Y sólo en ellos? De momento sí, salvo con unos libros muy especiales: los Episodios Nacionales de don Benito Pérez Galdós. La edición en papel que tenemos en casa es de mi abuelo, un tomo enorme dentro de sus obras completas, y le tengo mucho aprecio, por lo que nunca la he llevado en el metro ni sacado de casa. Pesa también bastante, así que tener todos los Episodios Nacionales en un aparato tan ligero y tan pequeño me parece un lujo. Por ahora es mi única concesión. 

3. Comprar un libro cuando haya leído el que compré antes. 

Esto de comprar en Amazon es facilísimo. Con un click ya lo tienes y te lo descarga en segundos en el lector. Apenas te das cuenta del acto de comprar en sí. No tienes que buscar el billete al pagar, tampoco llegas a casa con una bolsa pesada ni encuentras que no tienes sitio en la estantería. Porque lo que acabas de comprar ni pesa, ni ocupa, ni se quedará encima de la mesilla de noche hasta que lo coloques. Por eso me he puesto este límite. Creo que va a evitarme compras compulsivas.

Además, comprando un libro al terminar el anterior me aseguro de que no me dejo el libro a medio terminar. Una de las cosas que menos me gustaba de los lectores electrónicos era la sensación de documento leído a medias, de abandonar a medio camino. Esto también pasa con los libros físicos, sí, pero con un Kindle ya no existe ese pinchazo que tenemos todos nosotros cuando vemos el libro encima de la repisa, con el marcapáginas colocado en el medio, recordándonos que no le terminamos en su momento.   



¿Alguno de vosotros también se ha puesto límites con su lector electrónico? 
¿Cuáles? 
Como soy nueva en esto os agradezco las ideas y sugerencias. 

martes, 25 de junio de 2013

Siete razones para volver a escribir

He estado buscando razones para volver a escribir después de untiempo sin hacerlo. No es que me falten, es que necesitaba ponerlas en orden y aclarar un par de cosas... 

Las que se me han ido ocurriendo son variadas (y algunas mejores que otras), pero aquí están: 
  • Tener algo que contar. Esta me parece fundamental, por eso la pongo en primer lugar. También por lo obvia que es, así que pretendo que la olvidéis tan pronto como sigáis leyendo. 
  • Tener necesidad de hacerlo, incluso física. ¿No os ha pasado alguna vez? Las manos van solas, buscan papeles, bolígrafos, teclados a los que aferrarse... Lo hacen de forma desesperada para que no se vaya de la cabeza esa idea, esa frase redonda, esa opinión, esa imagen. 
  • Encontrar algo mágico en este intercambio de opiniones que es un blog. A veces ese intercambio es constructivo y muy positivo, y mi experiencia al respecto es magnífica. 
  • Tener un relato o un artículo a medias y, de repente, ver claramente cómo continúa la cosa. No hay nada peor que un argumento atascado, una página que no avanza. A veces yo soy capaz de disipar mis propias dudas y ver luz al final del túnel. No sé ni como... 
  • Sentir esas enormes ganas de haber sido quien escribió la última novela que leí y querer emularle (¿por qué no?). 
  • Sentirte "literario" de repente, si es que este adjetivo puede usarse así, al preparar un café, al entrar en una librería o al tocar un cuaderno. 
Todas estas cosas me han pasado a mí. El problema es que estas razones no germinaron tanto como para dar fruto. La buena, la que me ha traído aquí de nuevo, es bastante rocambolesca: el otro día me di cuenta de que ya no estaba habituada a escribir con el teclado de mi ordenador, donde siempre había escrito hasta ahora, sino que me había adaptado a la separación y a la inclinación de las teclas del ordenador del trabajo. Y eso, amigos, me pareció intolerable, y lo añadí a mi lista de razones para volver a escribir.
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